Me miro en una foto
de cuando tenía veinte años
y no me reconozco.
"No puede ser -me digo-
que ese inocente con cara de pan
ázimo, sea yo. Qué ha hecho
de mí, la vida". Y me sirvo
otro trago. Y luego otro. Y otro.
Y empiezo a verlo todo
muchísimo más claro.


Karmelo C. Iribarren